| San
Alberto Magno
Obispo
y Doctor de la Iglesia
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San
Alberto dando clases.
Gregorio Vázquez - Siglo XVII |
Con el calificativo de
"Magno" lo denomina la historia, por
la gran estela que dejó tras sí
con su enciclopédico saber.
Nació
en Launingen, en la Suevia bávara, a
orillas del Danubio, en 1206. En la escuela
de la catedral aprendió las primeras
letras y afianzó su corazón en
la piedad.
No llamándole la atención la milicia,
a la que se dedicaba su familia, sino el estudio
de la naturaleza, para el cual el Señor
lo había dotado de un fino espíritu
de observación, se dirigió a la
Universidad de Padua, donde se aprendían
las artes liberales del Trivium y el
Quatrivium.
Pero la
ciencia sola no le convencía. Conoció
entonces la Orden de Predicadores, reciente
fundación del español Santo Domingo
de Guzmán, quien quería que sus
frailes, además de pobres y fieles, fuesen
sabios.
Un sueño en el que la Virgen le indicaba
hacerse religioso, así como la invitación
del nuevo Superior General, a la sazón
el Beato Jordán de Sajonia, le impulsaron
a dar el paso de ingresar con los dominicos.
Pudo así el novicio Alberto alternar
los estudios profanos con los eclesiásticos,
frecuentando a la vez la Universidad y el convento;
y alcanzó con tal facilidad la meta de
todos los conocimientos, que sus condiscípulos
y maestros le llamaban el "filósofo".
Terminados
los estudios desarrolló una amplia labor
docente en Friburgo, Estrasburgo, París
y Colonia. Entre sus alumnos de esta última
ciudad descubrió a Tomás de Aquino,
a quien formó con mimo y cuidado, adivinando
sus inmensas posibilidades. El Doctor Angélico
morirá antes que su Maestro y éste,
ya viejo, lo defenderá y participará
en su proceso de canonización.
Atraído
especialmente por las Ciencias Naturales, realizó
observaciones mineralógicas, botánicas
y zoológicas, hechas con sistematicidad
y rigor. Con la tenacidad y paciencia de un
monje y el apasionamiento de un sabio, escrutó
las propiedades de los elementos naturales y
sus reacciones químicas, los secretos
de plantas y animales. Fue físico, químico,
geógrafo, astrónomo, naturalista;
montó un laboratorio conventual de química,
un gabinete de física y un taller mecánico.
Escribió veinte volúmenes de su
Summa de creaturis.
Pero sobre
todo fue teólogo. Apasionado buscador
de la verdad y convencido de que todo lo perteneciente
al Cosmos es obra divina, sabía que tras
cualquier ser de la naturaleza se escondían
la sabiduría, el poder y la bondad de
Dios.
La mayoría de sus obras se ocupan de
filosofía natural y de lógica;
realizó un comentario conjunto a la obra
de Aristóteles, y dejó también
unos opúsculos impregnados de amor, como
sucede con sus Comentarios a las Sentencias
de Pedro Lombardo y con los Comentarios
a la Biblia.
Escritor
e investigador infatigable en todos los campos
del saber, mereció el título de
"Doctor universalis", y que en 1941
el venerable Pío XII lo nombrara patrono
de los estudiosos de las Ciencias Naturales.
La Providencia
le permitió también desarrollar
una rica vida activa y apostólica. En
Colonia ayudó a pacificar conflictos
políticos y en Worms fue provincial de
su Orden. Estimulado por el papa Alejandro IV
afrontó a los averroístas. Nombrado
obispo de Ratisbona en 1260, reordenó
la diócesis y medió buscando la
paz entre los nobles de su tiempo. En 1263 predicó
la Cruzada por encargo de Urbano IV.
Cumplió
San Alberto plenamente el ideal de su Orden,
de unir el saber a la ascesis, de buscar una
santidad caracterizada cada vez más por
la búsqueda intelectual, uniendo y hermanando
ciencia y fe, ya que una y otra son verdad.
Murió
en su celda en el convento de Santa Cruz en
Colonia el 15 de noviembre de 1280; le precedieron
unos meses de obnubilación, privilegio
de los genios.
Pío XI con la bula In thesauris sapientiae
de 16 de diciembre de 1931, lo declaró
santo y Doctor de la Iglesia. Su fiesta se celebra
el 15 de noviembre. |