San
Claudio de la Colombière
Presbítero
jesuíta
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San
Claudio de la Colombiere
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La "llamada"
a la vida religiosa es un misterio. El Señor
se sirve de miles de caminos para conseguir
lo que quiere. El pequeño Claudio habia
recibido una muy esmerada educación cristiana
de aquella familia que en los Anales de la Visitación
se llama "familia de santos", especialmente
de parte de su buena madre que con visión
profética le dijo en el lecho de muerte:
"Hijo mio, tú tienes que ser un
santo religioso".
A pesar de ello, como después
él mismo escribirá en sus apuntes
espirituales, no era este el género de
vida por el que sentía inclinación
Claudio, más bien todo lo contrario.
Escribió: "Cuando me hice religioso,
tenia una gran aversión a la vida que
iba a abrazar. Los planes que se trazan para
servir al Señor nunca se realizan sino
a costa de grandes sacrificios"... Fue
el tercero de siete hermanos.
A sus dieciocho años,
el 1658, ingresó en el noviciado de la
Compañía de Jesús en la
ciudad de los Papas, Aviñón. El
Maestro de novicios dio al P. Provincial este
informe del joven novicio Clandio: "Es
un joven con una prudencia superior a lo que
corresponde a su edad. De juicio sólido,
de rara piedad y las más altas virtudes
no le parecen excesivas a su fervor".
Durante el año de
la tercera Probación hizo el voto de
guardar con exactitud todas las Reglas y Constituciones
de la Compañía, y añadió:
"Hago el propósito firme de cumplir
cuanto me sea posible con toda fidelidad todos
los deberes de mi estado y ser fiel al Señor
aun en las cosas más rninimas; romper
de un golpe y para siempre las cadenas del amor
propio, quitándole toda la esperanza
de ser alguna vez tenido en consideración;
adquirir en poco tiempo los méritos de
una vida larga; reparar las irregularidades
pasadas; dar a Dios una prueba de gratitud por
las infinitas gracias recibidas, y hacer de
mi parte cuanto pueda para ser de Dios sin reserva
alguna"...
Cuando hace esta tercera
Probación, Claudio está en la
madurez de sus treinta y cuatro años.
Sabe lo que hace. Ama tiernamente al Corazón
de Jesús al que se ha consagrado por
entero y a la Virgen Maria cuyo santo Escapulario
del Carmen viste desde niño y de la que
predicará en Aviñón un
famoso sermón que vale por muchos tratados
sobre este sacramental de Maria, que es su Vestido.
Mientras su alma se transforma,
otra alma gemela, la futura Santa Margarita
Maria de Alacoque recibe durante una visión
este aviso que tanta alegría proporciona
a su alma: "No temas, muy pronto te enviaré
a mi amigo y siervo fiel para que guie tus pasos
y te ayude en la misión que te voy a
encomendar".
Hechos los votos solemnes
el 2 de febrero de 1675, fue enviado como superior
a la Casa de la Compañía en Paray-le-Monial.
Allí, en el convento de la Visitación
estaba de religiosa Margarita Maria de Alacoque
que ya habia recibido especiales luces de lo
alto... pero se sentía temerosa si aquello
era o no de Dios... Pronto fue a visitarles
el nuevo superior jesuita y al verlo oyó
como una voz interior que le decia a Margarita:
"Ese es mi amigo fiel que te traigo para
que te ayude en la misión que te tengo
encomendada"... Poco después le
abria "su alma totalmente, tanto lo bueno
como lo malo..." Escribió después
la Santa: "El padre tuvo que sufrir mucho
por mi causa. Deciase que yo pretendía
engañarle con mis ilusiones, pero él
no se preocupaba de las habladurías y
no dejó de ayudarme mientras estuvo en
la ciudad y no ha dejado nunca de ayudarme"...
Fue enviado a Inglaterra
y aquí continuó extendiendo con
todas sus fuerzas la devoción y consagración
de todo el género humano al Sagrado Corazón
de Jesús como medio el más eficaz
para que la fe prosperara y se viviera con generosidad.
Fue calumniado y metido en la cárcel
y hasta condenado a muerte que después
le fue conmutada. Volvió a Paray-le-Monial
y allí murió a los 43 años
de edad.
"Los
primeros discípulos del Corazón
de Cristo"
de Isabel Montoliu sobre las revelaciones de
Paray
a Sta. Margartita, la providencial ayuda que
recibió
de S. Claudio de la Colombière, y primeros
pasos de difusión de la devoción.
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