(Artículo aparecido
en la revista Verbo, nros.71-72, año
1969)
Entramos ahora en el marco, un tanto lúgubre,
que el título de la conferencia ya preanuncia, ¿hacia
una religión sin Dios?, pues ya suponen ustedes que
a este interrogante habrá que contestar de algún
modo positivamente. Una religión sin Dios sería
el último estadio en la evolución del modernismo
y del progresismo, pero de hecho ya actualmente se da en
ciertos sectores del cristianismo. Cuál es el alcance
y profundidad de este movimiento, es lo que en esta conferencia
vamos a esbozar, para sacar de ello conclusiones provechosas
y realmente importantes.
El marco en el que nos movemos para plantear esta cuestión
será primordialmente el campo protestante, o mejor
dicho, neoprotestante, pero no nos inhibe de pensar que
hasta cierto punto, y como ha hecho rotar Maritain, también
se da este problema en el campo católico. Precisamente
fue San Pío X quien a principios de siglo, en la
encíclica Pascendi, denunció el hecho de que
dentro de la Iglesia se daba entre los seglares e incluso
entre sacerdotes, quienes negaban, en un sucesivo modernismo,
la misma divinidad de Jesucristo. Esta afirmación
está en la misma línea de la religión
sin Dios, pues no nos engañaremos pensando que la
negación de la divinidad de Jesucristo pueda todavía
dejar, digamos espacio, para la idea de Dios.
En el campo protestante se produjo recientemente un gran
impacto con la publicación de la obra de John A.
T. Robinson, Honest to God. El 19 de marzo de 1963 se publicó
en el Observer londinense un artículo titulado Nuestra
imagen de Dios debe cambiar. Este artículo no fue
extraordinariamente comentado porque al domingo siguiente
el autor del mismo sacó a la venta su libro Honest
to God. El hecho de que fuera un obispo, el obispo anglicano
de Woolwich, el autor de tales "audaces" afirmaciones,
convirtió el libro en un auténtico best-seller.
De entre todas las traducciones que se
han hecho de este libro, interesa aquí destacar la
traducción francesa que realizó Louis Salleron
de Itinéraires, quien tituló el libro Dieu
sans Dieu, advirtiendo así sobradamente al lector
francés de cuál era el verdadero contenido
del libro. Creemos que poner en guardia a los católicos
frente a esta creciente "teología del anticristo"
es algo muy útil y necesario en nuestros tiempos,
y esto es lo que modestamente pretendemos con esta conferencia.
Para enjuiciar desde el principio el alcance de las obras
de Robinson, nada más oportuno que citar el juicio
que sobre esta obra emitió Alasdair McIntyre, profesor
del University College de Oxford, en la revista Encounter:
"Lo sorprendente en el libro de Robinson es, ante todo,
que él es un ateo." Y más adelante: "La
repercusión que tuvo su libro parece indicar que
la combinación de un vocabulario religioso con un
ateísmo sustancial tiene un amplio aliciente."
Después de referirse al hecho de que cite a otros
teólogos protestantes con los que se siente identificado,
afirma: "Podemos apreciar ahora que la voz de Robinson
no es la de un individuo aislado, sino que su libro es testimonio
de la existencia de todo un grupo de teologías que
mantienen un vocabulario teísta pero han adquirido
un contenido ateo." Esto es lo que a nosotros nos interesa.
Reflexionar sobre el hecho sumamente importante de que la
negación de Dios se hace modernamente, hablando mucho
de El, con aparentes consideraciones humanas y bíblicas,
pero en las que el concepto de Dios no es en nada el concepto
cristiano. Si tales autores precisaran qué entienden
exactamente por el Dios al que nombran, serían no
solamente sinceros para con Dios, sino también sinceros
para con los lectores.
No vamos ahora a enjuiciar exhaustivamente la obra Honest
to God. El P. Roig Gironella hizo en Cristiandad una amplia
reseña crítica. Enunciemos aquí simplemente
sus tesis más centrales enraizadas en sus autores
originales. En efecto, la obra de Robinson no es nada original.
En esto coinciden todos los comentadores, pero esto es lo
que hace más importante el conocimiento de este movimiento.
La obra de Robinson es un refrito de las principales ideas
de tres teólogos anteriores y más importantes
que él: Tillich, Bultmann y Bonhoeffer.
Muy conocido en el mundo protestante, y aun católico,
por su vasta obra escriturística y teológica,
Tillich representa sobre todo el intento de sustituir la
revelación por su metafísica, o al menos hacer
pasar las verdades reveladas por el aro de su particular
ontología. De influencia idealista, a través
de Schelling y Sleiermacher, Tillich quiere superar lo que
él llama concepción supranaturalista de Dios
y de la religión. Sin analogía ni trascendencia,
su concepción del ser se identifica con su concepción
de Dios: "La afirmación de que Dios es el Ser-mismo
es una afirmación no simbólica. No apunta
más allá de sí misma. Significa lo
que dice directa y propiamente... Después de esto,
ninguna otra cosa puede decirse de Dios como Dios que no
sea simbólica." Dios es "la sustancia subyacente
a todo el proceso de llegar a ser". Su visión
panteÍsta de Dios se refleja igualmente en esta afirmación:
"Dios no existe. Es el ser mismo, más allá
de la esencia y de la existencia. Por eso, probar que Dios
existe es negarlo." Para Tillich todo ser es Dios,
y, por tanto, toda preocupación por cualquier ser
es ya la preocupación y la búsqueda de Dios.
No es que todo ser nos remita a Dios, sino que esto, y nada
más, es Dios.
Esta concepción de Dios como aquello
que más nos preocupa la recoge Robinson, citando
textualmente a Tillich:
"El nombre de esta profundidad infinita e inagotable
y el fondo de todo ser es Dios. Esta profundidad es lo que
significa la palabra Dios. Y si esta palabra carece de suficiente
significación para vosotros, traducidla y hablad
entonces de las profundidades de vuestra vida, de la fuente
de vuestro ser, de vuestro interés último,
de lo que os tomáis seriamente sin reserva alguna.
Para lograrlo quizá tendréis que olvidar todo
lo que de tradicional hayáis aprendido acerca de
Dios, quizá incluso esta misma palabra."
Robinson se acoge también al programa
de "desmitización" propugnado por Bultman.
Esto supone quitarle a la religión los elementos
míticos que la Biblia contiene. El hombre moderno,
según Bultmann, no puede aceptar la visión
precientífica que del mundo tiene el Antiguo Testamento.
Asimismo, el Nuevo Testamento emplea un lenguaje mitológico
que describe operaciones supranaturales, pero que representan
una forma de expresión trascendental, no hechos realmente
objetivos. Todo ello debe ser superado si queremos hacer
el cristianismo aceptable para el hombre de nuestro tiempo.
Los hechos más centrales de la vida de Jesucristo,
Encarnación, Nacimiento virginal, Resurrección,
deben ser definitivamente desmitizados. Así, por
ejemplo, juzga Robinson sobre la Navidad:
"¿Y si supiéramos que la noción
entera de "un Dios" que "visita" la
tierra en la persona de "su Hijo" es tan mítica
como la del príncipe en el cuento de hadas? ¿Si
supusiéramos que no existe ningún reino "afuera"
del que pueda llegar el "Hombre del cielo"? ¿Si
supusiéramos que ha de desaparecer el mito de Navidad
(es decir, la invasión de "este lado" por
el "otro lado" como opuesto a la historia de Navidad,
es decir, el nacimiento del hombre Jesús de Nazaret)?
¿Estamos preparados para afrontar semejante cambio?
¿O bien vamos a aferramos ahora a este último
vestigio de la concepción mitológica o metafísica,
como el único atuendo que aún puede conferir
a la historia de Navidad suficiente poder para impresionar
nuestra imaginación?"
El sector liberal del protestantismo había
ya convenido desde el siglo pasado en que la Biblia contiene
muchos mitos, que tomados como verdades reales estarían
en oposición con la moderna ciencia. Como se ve por
lo anteriormente citado, parece llegada la hora de una total
desmitización para no hacer más extraño
el mensaje cristiano al hombre de nuestro tiempo.
Finalmente, es en el teólogo alemán
Bonhoeffer en donde encuentra Robinson una "provechosa"
fuente de sugerencias para su libro.
Al igual que Bultmann, parte de la idea
básica de que el progreso técnico aleja al
hombre de toda concepción mítica. Pero no
solamente esto. Bonhoeffer, en su radical visión
progresista de la historia humana, encuentra que lo que
es incompatible con el hombre "adulto" es simplemente
la idea de Dios. Este Dios, al que la humanidad entendió
como explicación de fenómenos desconocidos
y como defensa de los temidos males que le acechaban, no
le es necesario al hombre que domina la naturaleza mediante
la técnica.
En la actualidad, para Bonhoeffer, el hombre
religioso es un tipo aislado de la sociedad o innoble para
con su inteligencia. Para que la religión no sea
el ámbito de unos pocos hombres "religiosos"
y pueda ser aceptado por todos debe prescindir de la idea
de un Dios todopoderoso. Unicamente la idea de un Dios que
nos abandona, que comprende que no le necesitamos, puede
ser aceptada por los hombres. Esto es lo que Bonhoeffer
encuentra en la persona de Cristo con su pasión,
su cruz, en fin, su impotencia:
"El Dios que nos deja vivir en el mundo, sin la hipótesis
de trabajo Dios, es el mismo Dios ante el cual nos hallamos
constantemente. Ante Dios y con Dios, vivimos sin Dios.
Dios, clavado en la cruz, permite que lo echen del mundo.
Dios es impotente y débil en el mundo, y sólo
así está Dios con nosotros y nos ayuda...
"
Aquí terminamos nuestra reseña
de la obra de Robinson.
Ustedes se preguntarán cómo
es posible que se haya llegado a esta caótica situación
en el mundo anglicano o protestante en general. El mundo
protestante, tomando la palabra de Dios, la Biblia, en una
interpretación primero subjetiva, luego racionalista,
después cientifista y finalmente mitológica,
acaba por concluir la total superación de todo sentido
trascendente.
En el año 1920 se celebró
en Lambeth un congreso de obispos anglicanos para elaborar
una declaración conjunta acerca de los puntos más
centrales de la revelación cristiana. Tal reunión
acogió a 200 obispos de esta confesión distribuidos
por distintos puntos de la geografía protestante.
Las conclusiones no se publicaron hasta el año 1936,
recogiéndose entonces en lo que se llamó rapport
de la Conferencia de Lambeth. Nos será de mucha utilidad
leer ahora algunos de los párrafos más significativos
de esta declaración, porque demuestran cuál
es el estado de la problemática ortodoxa a nivel
de jerarquía.
Sobre la veracidad del evangelio: "En
muchos casos, las palabras atribuidas a Nuestro Señor
reflejan más bien las experiencias de la primitiva
iglesia o son expresiones de los profetas cristianos y no
las mismas palabras pronunciadas por Jesús."
Respecto a la historicidad de la Biblia:
"Los relatos sobre hechos particulares pueden considerarse
que tienen valor en cuanto son expresiones metafóricas
de verdades espirituales, aunque se suponga que jamás
han tenido realidad. En este caso, tales relatos pueden
llamarse simbólicamente verdaderos en sentido diferente;
de aquí que no es posible definir con precisión
la expresión de tales elementos simbólicos
en la tradición histórica de la fe cristiana.
En este sentido no puede excluirse la posibilidad de que
el carácter simbólico afecte igualmente a
la verdad de algunos artículos del Credo."
Sobre el pecado original: "Estamos
de completo acuerdo al afirmar que el hombre, tal como aparece
en la historia, se muesta ahora y se mostró a través
de las edades como víctima de una profunda inclinación
al pecado. Pero nosotros no estamos acordes en la interpretación
de este hecho, ni en explicarlo con relación a Dios,
pero sí afirmamos unánimemente que ninguna
de las opiniones expuestas se pueden considerar como ilegítimas
en las iglesias de Inglaterra."
Acerca de la virginidad de María:
"... Hay en cambio entre nosotros quienes creen que
la fe en la Encarnación es más consistente
afirmando que el nacimiento de Nuestro Señor tuvo
lugar en las condiciones normales de la humana generación."
Sobre la Resurrección de Cristo:
"Algunos de los nuestros se inclinan a creer que la
conexión hecha en el Nuevo Testamento entre el relato
del sepulcro vacío y el de la aparición de
Nuestro Señor resucitado, cae más bien dentro
de la esfera del simbolismo religioso que en el ámbito
de los hechos históricos."
A la vista de estas declaraciones de los
200 obispos anglicanos, no es de extrañar que las
afirmaciones de cualquier teólogo protestante discurran
por el camino que hemos mostrado anteriormente a través
de la obra de Robinson.
N osotros debemos, ante estos hechos, hacernos eco de las
palabras del apóstol San Juan cuando nos dice, "todo
aquel que disuelve la persona de Cristo, éste no
es de Cristo, sino del anticristo, que está al llegar
y que al presente se halla ya entre vosotros". En nuestros
tiempos más que nunca se está dando esta teología
del anticristo extraordinariamente proliferada entre los
llamados teólogos "avanzados". Tal como
lo denunció Paulo VI el día de la festividad
de San Pedro y San Pablo: "Muchos, con el pretexto
de adaptar la enseñanza de la Iglesia al hombre de
nuestro tiempo, se apartan del Magisterio eclesiástico."
También en el mundo protestante
se han alzado voces de protesta frente a esta creciente
corriente modernista que amenaza los mismos cimientos de
la fe verdadera. Citemos algunos de estos elocuentes testimonios,
que parecen en algunos casos las mismas palabras del inolvidable
San Pío X. Estas son las palabras en las que se expresa
J. Gresham Machen en su artículo Chrystianity and
Liberalism: “Tomado en conjunto, tal cual existe actualmente,
el liberalismo naturalista es un fenómeno estrictamente
unitario y que tiende ahora a eliminar más y más
los restos de la fe cristiana... La presente situación
no puede ser ignorada, es preciso enfrentarse con ella.
El cristianismo está siendo atacado desde dentro
por un movimiento nuclearmente anticristiano." Refiriéndose
a los que tienen la obligación de enseñar
y velar por la fe, añade: "Entre los pastores
de las Iglesias Evangélicas se hallarán huestes
enteras de quienes rechazan el Evangelio de Cristo."
Es ahora la voz del calvinista G. C. Berkouver
la que se alza contra esta teología sin Dios, contra
el equívoco de hablar de Dios entendiendo por este
término algo sustancialmente distinto del dogma cristiano
revelado y definido. Estos pasajes están sacados
de su artículo Modern Uncertaintyand Christian Faith:
"En Holanda hubo algunos teólogos modernistas
que reconocieron que su doctrina no coincidía ya
con el cristianismo tradicional. Seamos honestos, dijeron,
y dimitamos como ministros de la Iglesia; si somos deterministas,
por ejemplo, no podemos defender que la oración tiene
realmente sentido; no demos a nuestros conceptos nombres
que corresponden a los de la antigua Madre Iglesia; alejémonos
de ella.”
Pero los más de los teólogos
y de los predicadores modernistas tuvieron otra actitud.
Sostuvieron que su modernismo, su neoprotestantismo era
el único cristianismo coherentemente evolucionado,
el protestantismo verdadero, el cristianismo adaptado a
las necesidades de la mentalidad moderna y puesto al nivel
de la ciencia." ... "Recuerdo que un teólogo
sostuvo que el artículo "nació de María
virgen" es un mito, pero no intentó quitarlo
del Símbolo.
Cuando leemos "concebido por el Espíritu Santo"
debemos entenderlo, en su opinión, en el siguiente
sentido: Espíritu significa independencia, y el carácter
de J esi.1cristo fue el de quien se dice "no"
contra la naturaleza y contra el pecado. Es evidente que
con tales exégesis las palabras del Credo son completamente
anuladas, y que si la Iglesia emprende esta dirección
y sigue manteniendo los antiguos modos de hablar está
engañando al mundo." Volviendo de nue'lO al
tema central de nuestra comunicación, debemos hacer
notar que si bien es en el campo protestante donde esta
situación se ha hecho crítica, también
entre los católicos encontramos parecidas situaciones,
y esto cada día más. Por ello ha dicho Maritain
en su reciente libro Le Paysan de la, Garonne:
"Hay una especie de apostasía inmanente que
se encuentra sobre todo entre los pensadores más
avanzados entre nuestros hermanos protestantes, pero que
es también activa entre los pensadores católicos
igualmente avanzados. Creen que proponen un cristianismo
superior mientras que se encierran en sus propias construcciones
subjetivas y acaban, como el obispo anglicano Robinson,
en un cristianismo de perro muerto que flota a la deriva
de las filosofías más variadas." Nuestra
postura, ante este grave problema, debe ser la afirmación
clara de la verdad, según el magisterio de la Iglesia,
desenmascarando todas las teologías sin Dios. Pero
también podemos sacar un aspecto positivo de este
desolador panorama. Puesto que hemos hablado tanto del mundo
protestante y de su situación, ahora estamos en mejores
condiciones para un diálogo fructífero con
los sectores sinceramente creyentes de nuestros hermanos
separados, puesto que ellos ven ahora a la Iglesia Católica
y al Primado de su J erarquia como un baluarte de la ortodoxia
frente al desconcertado mundo neoprotestante. No hay ninguna
duda de que la Iglesia Católica, como tal, conserva
íntegro el depósito de la fe, y esto puede
ser para ellos un motivo grande de acercamiento.