Publicado póstumamente
en el libro PENSAMIENTOS Y OCURRENCIAS, Ed. Balmes, Barcelona,
2000.
NACIMIENTO, INFANCIA
Y PRIMERA JUVENTUD (1873-1895)
«En la ciudad de
Palma de Mallorca, Capital de la Provincia de las Islas Baleares,
Obispado de Mallorca, a los dos días del mes de diciembre
de mil ochocientos setenta y tres, Yo, D. José Ferriol,
Pbro., Cura Párroco de la Parroquia de San Jaime, bauticé
solemnemente a un niño nacido a las tres y media de
la tarde del mismo día, hijo legítimo de los
nobles señores consortes D. Ramón Orlandis y
Maroto, y Dª. Luisa Despuig Amer de Troncoso; siendo
sus abuelos paternos los nobles señores consortes D.
Mariano Orlandis y Da. Ana Maroto, y los maternos los nobles
señores consortes D. Juan Despuig y Da. Francisca Amer
de Troncoso, todos propietarios y naturales de esta ciudad.
Se le puso por nombres RAMÓN NONNATO, FRANCISCO DE
Asís, LUIS, MARIANO, JUAN, JOSÉ, PEDRO, JOAQUÍN,
BUENAVENTURA, CARLOS, IGNACIO, BALTASAR, MELCHOR, GASPAR,
MANUEL, JAIME y LUPO; fueron sus padrinos los nobles señores
D. José Orlandis y Maroto, y Dª Magdalena Despuig
Amer de Troncoso, ambos solteros, propietarios y naturales
de esta misma ciudad, a quienes advertí el parentesco
espiritual y obligaciones que por él contraían,
siendo testigos don Bartolomé Ferrer y D. Pedro Jerónimo
Ferrer, Presbíteros y Coadjutores, naturales también
de esta Ciudad, y para que conste extendí y autoricé
la presente partida a los dos días del mes de diciembre
de mil ochocientos setenta y tres. José Ferriol, Pbro.
Rubricado».1 Así se expresa
la partida de bautismo -en cuyo margen se lee «El noble
señor Ramón Nonnato Orlandis Despuig»-
de quien pasando el tiempo había de ser el fundador
de Schola Cordis lesu en Barcelona.
El linaje de los Orlandis
-escribe el historiador mallorquín Miguel Ferrer Flórez-2
cuenta con una antigua y muy noble procedencia de la que podemos
dar algunas muestras.
En el siglo XII la familia
está afincada en Pisa y merece destacarse que Aldobrando
Orlandis portó el estandarte de Santa María
la Mayor, acompañando a Ramón Berenguer de Barcelona
cuando éste decidió la que fue primera conquista
de Mallorca, en 1114.
Benito Orlandis, que
como otros muchos habitantes de Pisa abandonó esta
ciudad al ser ocupada por Florencia a principios del siglo
XV, pasó a Mallorca y casó con doña Juana
Cilia y Cotoner.
Antonio Orlandis Prats,
en 1613, fue Consejero y Secretario del rey Felipe 111 en
el Sacro, Supremo y Real Consejo de Aragón.
En el siglo pasado,
Pedro y Mariano Orlandis Maroto, hermanos de su padre, ingresaron
el primero en la Trapa y el segundo en la Compañía
de Jesús. Este último fue de 1871 a 1876 provincial
de Aragón y al año siguiente, estando destinado
en Palma, tuvo el gozo de ver, antes de morir, devuelta a
los jesuitas la iglesia y convento de Monti-Sion en la que
había residido san Alonso Rodríguez.
Por parte de su madre,
también el Padre Orlandis entronca con la mayor nobleza,
pues Gilaberto Despuig, también con Ramón Berenguer
111 participa en la reconquista de Tortosa. Entre otros muchos
personajes ilustres, dos miembros de esta familia fueron grandes
Maestres de la Orden de Malta y el cardenal Antonio Despuig
Dameto, arzobispo de Sevilla e hijo de Ramón Despuig
Cotoner-conde de Montenegro y de Montoro- sostuvo con sus
rentas al Papa Pío VI durante su destierro (1798-1799).
La familia en la que
el P. Orlandis nació y creció -según
refiere Miguel Ferrer- desempeña en el siglo XIX una
función particular determinada por un doble condicionamiento:
la fidelidad a los principios religiosos y su adscripción
al carlismo. En realidad, se trata de una misma cuestión,
pues su dedicación y apoyo a la causa carlista implicaba
el respeto que se mantenía a la causa de Dios y este
principio influyó hasta tal punto que algunos de sus
miembros dedicaron sus vidas de modo activo al servicio de
tan noble ideal.
Muerta su madre a los
pocos días de nacer él, Ramón creció
con sus hermanos Pedro3, Concepción4
y Juan5 «bajo la tutela de su padre,
amantísimo, pero de carácter rectilíneo
y adusto en demasía jamás le dio ni un beso-
y en el ambiente familiar hondamente cristiano y tradicional»6.
Así pues, en este ambiente cristiano, acomodado y sosegado
se moldeó en su infancia ese carácter del que
destaca la fina sensibilidad que más tarde mostraría
en sus poesías, y «su interés por la marcha
del mundo y los acontecimientos políticos, que se manifestó
precozmente; su padre, bromeando, le llamaba "Metternich"
y el servicio de la casa le escuchaba con avidez».7
Por lo demás, su primera formación escolar la
recibió en casa, «donde aprendió los rudimentos
de gramática con maestro particular».8
A los doce años
se trasladó a Valencia para estudiar con los PP. Jesuitas
en el colegio de San José, y empezó ya a cosechar
premios y distinciones en latín, griego, matemáticas
y física. Terminado el Bachi¬llerato en 1892, pasa
inmediatamente a la Universidad de Deusto, obteniendo en tres
años la Licenciatura de Filosofía y Letras y
Derecho con sobresalientes. Ya por entonces tenía decidido
entrar en la Compañía.9
Como es lógico
suponer, con tan apretado currículum poco tiempo tuvo
para residir en Mallorca. Sin embargo, durante las vacaciones
se reunía con el resto de la familia en la finca de
Punta de Amer, en la costa oriental de la isla. Allí
sí le quedaba tiempo para tertulias literarias con
los hermanos Antonio y Miguel Alcover, y el poeta Miguel Costa
y Llobera, quien resumía sus dotes poéticas
diciendo que «la seva nota dominant es la noblesa de
l'entonació y certa sobrietat horaciana».10
NOVICIO Y ESTUDIANTE
DE LA COMPAÑÍA DE .JESÚS (1895-1908)
Seguro de su vocación,
como se ha dicho, en noviembre de 1895 entró en el
noviciado de Veruela, a punto de cumplir los veintidós
años. Dado que ya tenía terminados sus estudios
universitarios, tras dos años de noviciado comenzó
a estudiar Humanidades, y -al ser también un alumno
aventajado- el Hno. Orlandis fue profesor en el juniorado
de griego, latín, historia y poética desde 1898
hasta 1902. Narran sus discípulos de entonces que les
comunicaba en sus clases un entusiasmo tal que «del
vigoroso empuje que dio a los estudios de Humanidades resultó
una nueva orientación de los mismos, que aceptó
plenamente la Compañía para lo sucesivo».11
Elaboró una sintaxis de gramática griega, que
era modelo de precisión y claridad, y que fue encomiada
por Menéndez Pelayo. «Era una delicia aprender
griego con el P. Orlandis; nada de monotonía de áridos
preceptos; todo era allí vida y movimiento; la luz
de los autores griegos iluminaba el estudio de su lengua maravillosa;
y aprendíamos a entrar con la llave del idioma en los
tesoros que nos ofrecían en raudal directo los más
excelsos artistas de la palabra humana».12
Las Humanidades ya no
estarían a partir de ahora al servicio de las tertulias
literarias; por el contrario, «vio que la preceptiva
literaria, en la teoría del estilo y en los fines y
medios de los géneros literarios, debía cimentarse
en una sólida y recta doctrina estética»13
que teniendo sus raíces en la Metafísica y en
la Psicología de la Filosofía perenne, y concretamente
en la doctrina del Doctor Angélico, no se perdiese
en las nebulosidades de la estética racionalista y
panteísta, sino que fuese del todo conforme a las leyes
de la naturaleza humana, y fuese iluminada y dirigida por
la luz de la Revelación divina, enseñada por
el magisterio de la Iglesia Católica. [...] Había
de enseñar una estética que, siendo auténticamente
filosófica, sirviese prácticamente para que
nos pusiésemos en contacto íntimo con los autores
clásicos, sorprendiésemos sus valores artísticos,
les sorbiésemos los alientos y acertásemos a
penetrarnos de sus excelentes cualidades para que, transfundidas
en nuestro espíritu, supiésemos pensar rectamente
como ellos, como ellos sentir honda y equilibradamente, y
derivar a nuestras lenguas de ahora las dotes de claridad
diáfana, de elegancia sobria y del sentido de orden,
de medida y de decoro que esmaltan aquellos escritos inmortales.14
Corren, pues, apretados
sus años de estudiante, que intercala con el magisterio,
hasta que se ordena sacerdote en 1908, en un altar de la Iglesia
Parroquial de Tortosa, donde radica el Colegio Máximo
en el cual ha cursado sus estudios de Filosofía, Teología
y Sagrada Escritura. Luego «hizo la tercera probación
en la Santa Cueva de Manresa [... y] en el año 1910
hizo la Profesión solemne».15
MAESTRO EN LA COMPAÑÍA
DE JESÚS Y CONFESOR EN BARCELONA (1908-1921)
Se inicia entonces una
tercera etapa en la vida del P. Orlandis, enseñando
Teología Sacramentaria y Teología Moral, primero
en Tortosa y más tarde en Sarriá, donde se trasladó
el Colegio Máximo, aunque alternando la docencia con
«algunos ministerios de apostolado externo, algo variado:
Congregaciones Marianas, Catecismos, Centros Obreros, etc.,
pero como cosa secundaria, como de paso. Entre éstos,
ya en Tortosa empieza a dedicarse preferentemente al confesionario».16
En cuanto a esta etapa
de docencia, ¿qué mejor que recordar lo que
nos narra uno de sus discípulos? En efecto, el P. Cayuela
nos dice, entre otras muchas cosas: «nunca olvidaré
una clase que nos hizo sobre el Sacramento de la confirmación,
en la que rayando lo sublime su exposición doctrinal,
nos conmovió profundamente el alma al hacernos sentir
y aún vibrar al unísono de su espíritu
con el cotejo de lo que fue para los cristianos de la primitiva
Iglesia este Sacramento del Espíritu Santo, y lo que
por desgracia es hoy para los cristianos de nuestros tiempos.
"Nos falta fe -clama con acento de íntima convicción-
nos falta muchísima más fe en lo que es, en
lo que vale y en lo que puede este gran Sacramento, por el
cual se nos da con más plenitud el Espíritu
santo, el Vivificante, que viene a dar el impulso
de desarrollo a la vida de la Gracia que recibimos en el Bautismo,
y nos hace atletas, combatientes de Cristo, para que al defender
nuestra misma vida de la Gracia de todos los enemigos que
la asedian y la combaten, luchemos con las armas de la fortaleza
del Divino Espíritu, como soldados del Reino de Cristo,
contra los poderes del reino de Lucifer." ¿No
eran estas palabras como un prenuncio de lo que tan admirablemente
había de enseñar e inculcar como director de
Schola Cordis Iesu?».17 En cuanto
a la Teología Moral, «la enseñó
con sorprendente destreza y resultado. Ponía in
bono lumine los principios morales; y de ellos derivaba,
no en casuística menuda, sino como desarrollo luminoso
de los mismos principios, como consecuencias íntimamente
ligadas con ellos, las aplicaciones a la vida práctica.
Tenía una santa ojeriza al Modernismo en la Moral,
en las costumbres; lo delataba, lo refutaba; y por eso tuvo
una de las más grandes alegrías de su vida cuando
años adelante el Papa Pío XI publicó
su encíclica Quas primas, en la que vio enseguida
lo que en realidad era, una condenación del Modernismo
moral y práctico, como lo había sido del Modernismo
dogmático e histórico la encíclica Pascendi
de San Pío X, con el decreto Lamentabili».18
Pero esta tercera etapa
de su vida preparó ya la siguiente. «La amorosa
disposición de la Divina Providencia quiso que se completase
esta preparación teológica del Padre para su
gran vocación, dirigiendo a sus Superiores para que
le encargasen la enseñanza de la Historia Eclesiástica.
Todo lo anterior lo había tomado con el empeño
del varón obediente y con la afición del hombre
apasionado por la verdad revelada; pero esto último
lo emprendió con verdadera ilusión. Desde entonces
fue su campo predilecto. Vio que a los hechos que narra la
Historia se les había de dar una explicación
teológica; y siguiendo los pasos de San Agustín,
de Paulo Orosio, de Bossuet, y más recientemente del
P. Enrique Ramière, se propuso entender y enseñar
la Teología de la Historia. Lo hizo con pasmosa
competencia y con dedicación ardiente».19
Por otro lado, aquellos
ministerios de «apostolado externo» -es decir,
de apostolado desarrollado entre personas que no necesariamente
habían de tener relación con la Compañía-
y que eran desempe¬ñados antes «como cosa
secundaria y como de paso», fueron ocupando el centro
de la actividad del P. Orlandis, y así le ocurrió
estando ya en Barcelona. «Al ser destinado a la residencia
de la calle Lauria, el año 1921, con el cargo de director
del Apostolado de la Oración, se le asignó un
confesionario en la iglesia de la calle Caspe. Uno y otro
ministerio fue la oportunidad providencial que le dio el Señor
para que llegase al perfecto conocimiento de las almas y de
la sociedad, que todos admiramos en él, y que le era
tan necesario para corresponder plenamente a la específica
vocación con que el Corazón de Nuestro Señor
le había distinguido.
Un amplísimo
sector de la sociedad barcelonesa acudió a su dirección
espiritual en las largas horas que dedicaba al confesionario».20
Se sabía desde hacía tiempo que era un confesor
modélico: «los ensayos de "confesiones"
en que el Padre era el "penitente" y el alumno que
daba la lección el "confesor" eran inimitables.
Como "penitente" demostraba un conocimiento tan
extraordinario de los repliegues del corazón y del
sentimiento, de las sutilezas de la inteligencia y de las
condiciones y circunstancias de todas las clases sociales,
que allí salía a relucir la inmensa gama de
matices que puede revestir un hecho, importante o trivial,
de modo que estrechaba tanto al "confesor" que literalmente
"sudaba". Esto explica su éxito de años
más tarde cuando pudo decirse que "confesaba a
todo Barcelona"».21
Sin embargo, no todo
fueron éxitos en esa etapa de magisterio dentro de
la Compañía, mezclada con la dirección
espiritual fuera de ella. El P. Solá indica que ese
teólogo de la Historia que era el P. Orlandis, «tenía
un corazón que no aspiraba más que a ser "secundum
Cor lesu" y procurar con todas sus fuerzas el Reinado
de Cristo en la Tierra. »Esta idea del reinado Social
de Cristo lo tenía tan en su entendimiento y en su
corazón que empujó a su sobrino, el P. Ramón
Rovira, eminente Profesor de Sagrada Escritura, a que estudiase
y escribiese sobre el Milenarismo. En aquellos momentos era
muy mal mirada esa doctrina y el P. Rovira se encontró
en un ambiente hostil. El P. Orlandis padeció mucho
al ver que por ello su sobrino había perdido la Cátedra,
pero el Señor premió al defensor de su Reinado
en la Tierra, con la gracia del martirio. El P. Rovira estará
ahora con los mártires del Apocalipsis, que tanto apreciaba,
clamando justicia a Dios (Apoc 6, 10)». «También
al P. Orlandis le costó la pérdida de su docencia
de Teología Dogmática, Patrología, Moral,
Historia de la Filosofía, que sucesivamente fue enseñando
a los estudiantes jesuitas de Teología o Filosofía»22.
Parecería que al final de la década va a reemprender
la docencia, pero no será así: «el curso
1928-29 vuelve a Sarriá para enseñar Historia
Eclesiástica y Patrología a los teólogos,
e Historia de la Filosofía a los filósofos.
En agosto de 1929 se traslada definitivamente a Barcelona
para dedicarse de lleno al Apostolado de la Oración.
Está ya plenamente centrado. Sin embargo, los acontecimientos
políticos de 1931, con la ocupación de los edificios
y bienes de la Compañía de Jesús en 1931-32
y la guerra civil de 1936 a 1939, impidieron al P. Orlandis
desarrollar sus planes pero le dieron tiempo para pensar y
planear»23. Así pues, la futura
orientación del P. Orlandis pasa por el abandono del
magisterio en el seno de la Compañía de Jesús
y se encamina decididamente hacia el apostolado de los laicos
en la Barcelona convulsa de los años veinte y treinta,
aquejada de grandes males y necesitada de grandes remedios.
EL APOSTOLADO SEGLAR
Y SCHOLA CORDIS IESU (1921-1958)
Vale la pena detenerse
a analizar esa primera década para entender la definitiva
orientación del P. Orlandis, pues el objetivo que centraba
su interés no era otro que el de infundir nueva vida
al Apostolado de la Oración, que tan bien conocía,
eligiendo para ello precisamente a las almas más débiles
y necesitadas. «Hace cosa de diez años, nos dice,
se me fue presentando al pensamiento un como esbozo de agrupación,
así de varones como de mujeres; esta agrupación
se me antojaba que había de ser aquella legión
de almas pequeñas, instrumentos y víctimas del
Amor Misericordioso de Dios, objeto de los deseos y de
las esperanzas de Santa Teresita del Niño Jesús».24
El Padre Orlandis estaba convencido de que nuestros tiempos
necesitan eliminar las barreras arquitectónicas -de
ahí el símil del «ascensor»- que
hacen difícil el acceso de los «débiles,
apocados, ciegos y cojos» al Amor Divino de Jesús.25
Pero ese esbozo de agrupación
había nacido siguiendo -sin conocerlas- las directrices
pontificias de lo que más tarde sería el Apostolado
Seglar: «conocimiento del mundo actual y de sus necesidades»,
profundización doctrinal» y «profundización
de una vida espiritual». Estas tres directrices fueron
otros tantos «escalones» en la pauta que marcó
el P. Orlandis, y recibieron los Sucesivos nombres de Juventus,
Schola, y Schola Cordis Iesu. En efecto,
algunos de aquellos jóvenes congregantes26
emprendieron el «"conocimiento del mundo actual
y de sus necesidades" en aquella época en que
en España teníamos a Primo de Rivera, en que
Alemania funcionaba aún bajo la democracia de Weimar
sin sospechar los tremendos paroxismos con que iba a conmover
al mundo, cuando Mussolini estaba caminando hacia Su cénit,
y cuando, Sobre todo, aún parecía una realidad
la persistencia de una "pax britannica" y el coloso
ruso no parecía más que un fantasma anarquizante
y caótico que muchos optimistas se empeñaban
en creer había de autodestruirse».27
La «profundización
doctrinal» se llevó también a cabo en
Schola, que «nació, coincidiendo con las angustias
de la disolución de la Compañía y con
los avatares de la República. Mas la Providencia velaba.
Schola, como reza su nombre humilde y discreto, era esto:
una escuela. Su biblioteca -única en su género-
que por Sí sola proclama la personalidad del P. Orlandis,
fue el utensilio, la herramienta con que se forjó el
hogar de donde, con el tiempo, surgiría CRISTIANDAD»28.
Por último, «la "profundización de
la vida espiritual" tuvo un nombre: el que adoptó,
al prolongar el suyo, con santa humildad y audacia Schola.
En adelante, a partir del fin de la Guerra española,
se llamaría Schola Cordis Jesu. Escuela de
amor, de humildad, de oración, de Súplica, pero,
sobre todo, de la virtud que más a fondo nos quiso
"meter" nuestro Padre, esta virtud tan desconocida
como esencial y necesaria, más esencial y necesaria
que nunca, precisamente en nuestros pobres tiempos: la ESPERANZA»29.
Así pues, tras
dos décadas de dificultades y vicisitudes, esta última
etapa de la vida del P Orlandis conoció todavía
otras dos décadas llenas de fecundidad en el seno del
apostolado entre los seglares de Schola Cordis lesu (con sus
conferencias semanales, los ejercicios, la dirección
-y adopción-30 espiritual, la inspiración
y animación de la revista Cristiandad...),
hasta su muerte el 21 de febrero de 1958 -cuando los almendros
ya están en flor- en la enfermería de Sant Cugat,
donde finalmente se había trasladado el Colegio Máximo,
y en cuyo cementerio se encuentra enterrado.
Que sirvan como colofón
a su vida estas palabras de una de sus poesías, que
también nos hablan de esperanza:
Ya
la terra somriu en primavera
ya el món torna a florir
[...] ara s'obrin les flors per les planuras
ara s'obrin les flors per los turons,
ara s'obrin també per no tancarse
les meves ilusions».31
Notas:
1. Vease «El noble
señor Ramón Nonnato Orlandis Despuig»,
de María Asunción López Suñé,
en Cristiandad, núm. 331 (de septiembre de 1958), pp.
5-9.
2.
«Ramón Orlandis Despuig, S.I.: Dios, familia
y poesía» (1), Cristiandad, núm. 764 (1995).
3.
Poeta insigne, nueve años mayor que Ramón, murió
a los 33 años en el seminario de Salamanca.
4.
Casada con D. Joaquín Rovira y Merita, conde de Rótova,
padres del P. Juan Rovira Orlandis, S.I., martirizado en Roquetas
en 1936.
5.
Padre de Juan Orlandis y Habsburgo-Lorena.
6.
Mª Asunción López Suñé, art.
cit. Véase el «Ego» o relato autobiográfico
escrito por el P. Orlandis al ingresar como novicio en Veruela,
reproducido por el P. Francisco de Paula Solá, S.I.,
en Cristiandad, Núms. 708-709 (1990), pp. 3-7.
7.
8.
9.
«No olvidéis que hay un examen mucho más
trascendental, el de toda la vida ante el Juez Supremo»,
les había dicho el P. Aguirre, joven profesor en Deusto,
a quines con él se examinaban; «estas palabras,
meditadas -decía después el P. Orlandis- decidieron
mi entrada en la Compañía.» (Ver «A
modo de crónica», por el P. José Mª
Murall en Cristiandad, 331 (1958), pp.10-15). En el autobiográfico
«Ego» ya citado, señala: «Mi vocación
comenzó el año mil ochocientos noventa y tres,
y durante algún tiempo, vacilé; por fin, habiéndome
aconsejado bien y examinado el asunto, confirmado en mi vocación,
fui admitido a la Compañía de Jesús».
Podemos encontrar un eco de ese «vacilación»
en las siguientes palabras: «no admiraba ni tenía
confianza en lo humanamente grande o prestigioso. Me dijo
en varias ocasiones que cuando él entró en el
noviciado, después de haber estudiado en Deusto Derecho
y Filosofía y Letras, ya tenía la convicción
de la inutilidad de aquella prestigiosa Universidad, ya se
entiende que en orden al bien de la Iglesia. Y daba la razón
de su convicción: "en Deusto todos éramos
de familias aristocráticas o muy ricas; ya entendí
entonces que esto no podía conducir a ninguna parte"»
(Francisco Canals Vidal, «Mis recuerdos del P. Orlandis»,
en Cristiandad, núms. 801-802 (1998), pp. 39-42.
10.
Fragmento de una carta de Costa y Llobera al Dr. Rubió
y Lluch de 6 de junio de 1895, reproducida en el artículo
«El noble señor...», citado, p. 8. Tomás
Forteza, en un artículo publicado en el semanario Mallorca
Dominical el 28 de noviembre de 1897, compara a los dos hermanos
poetas diciendo: «En Ramón volava més
amunt, en Pere penetrava més endins».
11.
J.M. Murall, art. cit., p. 11. «El eminente escriturista
P. Bover no se recataba de decir que "vivía de
la formación recibida del Hno. Orlandis"».
12.
Roberto Cayuela en «Un Maestro» (Cristiandad,
núm. 331 (1958), pp. 16-20). «Mucho más
tarde, en el ocaso de su vida, a sus ochenta años,
traduciría directamente del hebreo los más grandes
pasajes del Libro de Isaías, dando a su admirable versión
no sólo la fuerza expresiva y la hermosura soberana
del original, sino también, cuanto cabe en idioma tan
distinto como el castellano, el mismo armonioso y robusto
ritmo del gran profeta».
13.
«Me parece que aún estoy asistiendo a sus clases
de estética. Después de exponer las varias definiciones
de la belleza, se quedaba él con aquella del Doctor
Angélico: "belleza es la incandescencia de la
verdad"». R. Cayuela, art. cit, p.18.
14.
R. Cayuela, cit., pp. 17-18.
De su tomismo nos dice el P. Murall: «Desde luego que
el P. Orlandis era tomista, pero no fanático incondicional.
Él mismo contaba que cuando leyó el índice
de la Summa quedó admirado y suspenso por la armonía
de la construcción arquitectónica del sistema.
La sistematización, que nunca deja Santo Tomás,
era lo que encontraba a faltar en otros teólogos que,
con frecuencia, se deslizan hacia la apologética»
(cit., p.13). «Los jesuitas jóvenes -le decía
el P. Orlandis al P. Murall- o serán tomistas o existencialistas
o cualquier otra cosa, pero no serán ya suaristas»
(Francisco Canals Vidal, «Mis recuerdos del P. Orlandis»,
en Cristiandad, núms. 80-802 (1998), pp. 39- 42.
15.
J. Mª Murall, art. cit., p.13.
16.
J.Mª Murall, art. cit., p. 13. Luis Creus Vidal nos habla
de un grupo de jóvenes que pertenencia «casi
todos» a la Congregación Mariana dirigida por
el P. Vergés, en «Juventus. El origen de "Schola
Cordis Iesu"», Cristiandad, núm. 331, pp.
25-26. Como podrá verse en lo que sigue, su labor de
confesor y director espiritual terminó por ser el centro
de su apostolado.
17.
R. Cayuela, cit., p. 19.
18.
Ibíd., íd.
19.
R. Cayuela, Ibíd., íd. En concordancia con este
relato, podemos leer: «El primer núcleo de libros
lo consiguió merced a un donativo que, en gratitud
a su dedicación espiritual le hizo un buen amigo suyo,
el Sr. Janer. Con él pudo comprar los importantes fondos
de una librería francesa de nuestra Rambla dels Estudis
que su dueño, el Sr. Bargés, estaba liquidando.
Eran estos fondos un conjunto de obras -memorias, estudios
y documentos coetáneos- sobre historia de los siglos
XVI al XIX, colecciones de revistas, como "L'Univers"
y la "Revue des Deux Mondes", y varios tratados
de historia, como el Pastor, el Oncken, el Weiss, el de la
Universidad de Cambridge, etc.» (Pere Basil, «La
Biblioteca de Ramón Orlandis», en Cristiandad,
núms. 708-709 (1990), pp. 11-12).
20.
R. Cayuela, art. cit., p.19.
21.
J.M. Murall, art. cit., p.13.
22.
Francisco de P.Solá, art. cit., p. 5.
23.
Ibíd., íd. Durante la guerra, el P. Orlandis
fue ocultado en casa de su hermana, y su Biblioteca se salvó
por mediación del Dr. Rubió i Balaguer.
24.
«Pensamientos y ocurrencias, escritos por el P. Orlandis
en 1934» (Cristiandad, pp. 21-23).
25.
El P. Orlandis presenta la «verdadera inteligencia del
Corazón de Jesús» como una secuencia cada
vez más suave (como un vado) que va desde las revelaciones
de Paray-le-Monial a Santa Margarita María de Alacoque
hasta el P. Ramière y Santa Teresita, afirmando: «en
la forma que tiene Santa Margarita María de proponer
la devoción al Corazón de Jesús y aun
en su mismo estilo, hay un no sé qué de heroismo
y austeridad, que bien podría ser que arredrara a no
pocas almas enfermizas y pusilánimes de nuestros días.
»En los libros del P. Ramière se encierra una
tal luz y profundidad de doctrina, que bien pudiera no estar
al alcance de no pocas inteligencias débiles, de no
pocos espíritus anémicos y apocados.
»A estas almas pobres y débiles, miopes y enfermizas,
quiere que llegue también su llamamiento misericordioso
el bondadoso Corazón de Jesús, que invita a
su banquete a los ciegos, cojos, etc., y les sana como médico
Divino. Como mensajera de sus misericordias inefables con
estas almas débiles y pequeñas envía
el misericordioso Jesús a Santa Teresita, para que
reciban aliento, luz y confianza los pobres enfermos de espíritu
tal vez menospreciados o deshauciados de sus maestros y médicos.»
(Ibíd., p. 22).
26.
Véase la nota núm. 16.
27.
Luis Creus Vidal, art. cit., p. 26. Después de la marcha
de Mussolini sobre Roma en 1922, Victor Manuel 111 le encargó
la formación de gobierno.
28.
Ibíd., íd.
29.
Ibíd. «La Esperanza, decía el P. Orlandis,
es la como la flor de la Fe», del mismo modo que las
obras (la Caridad) son el fruto.
30.
«Yo soy obra del P. Orlandis, nos dice Pau López,
y muchas personas - entre las que me cuento- tenemos escritas
por él -y de una forma profunda y sublime- muchas páginas
del libro de nuestras vidas», en «La obra del
Padre Orlandis» (Cristiandad, núms. 708 - 709
(1990), pp. 8-10, p. 10).
«Su acción ha permanecido en nuestro interior,
sus palabras no han podido ser olvidadas, y la misteriosa
maduración de lo que por ellas sembró ha sido
causa de que hayan sido mejor comprendidas cuanto más
lejanas en el tiempo. Así el Padre Orlandis sigue siendo,
para mí, padre y maestro, también a partir de
su muerte y hasta hoy» (Francisco Canals, art. cit.,
p. 39).
Ambos autores coinciden en señalar la humildad como
condición de sus enseñanzas: «honradamente
creo que la obra del P. Orlandis es un ejemplo de superación
humilde y confiada de la mediocridad; con razón era
tan devoto de Santa Teresita de Lisieux» (Pau López,
¡bid.); «sin duda para prevenir toda deformación
"intelectualista" me dijo muchísimas veces:
"si lo que buscas es hacerte un sabio no hace falta que
vuelvas por aquí '. [...] El Padre Orlandis daba gracias
a Dios y se sentía feliz por el hecho de que sus orientaciones,
salidas de lo más íntimo de su propia vida y
actitud espiritual, alejaban inevitablemente a los pedantes,
a los buscadores de triunfo humano, a los ambiciosos de prestigio
y de éxito resonante. "Los que se acercan a mí
quedan inmediatamente humillados". Lo consideraba una
gracia de Dios.» (Francisco Canals, ibídem).
31.
Recogido por María A. López Suñé
en «Schola Cordis lesu, hoy» (Cristiandad, núms.
588-589 (1980), reproducido en Cristiandad, núms. 708
-709 (1990), pp. 29-30).
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