Hace
cosa de diez años, se me fue presentando al pensamiento como
un esbozo de agrupación, así de varones como de mujeres; esta
agrupación se me antojaba que había de ser aquella legión
de almas pequeñas, instrumentos y víctimas del Amor Misericordioso
de Dios, objeto de los deseos y de las esperanzas de Santa
Teresita del Niño Jesús.
Estas
almas, por la luz que del cielo recibirían, tendrían una comprensión
íntima de la devoción genuina al Corazón de Jesús y de los
designios que ha tenido Jesús al pedirla. Estas almas arderían
en celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas
y, conocedoras de la realidad, profundamente desengañadas
de sus propias fuerzas y valer y también de la eficacia de
los medios semihumanos y ordinarios que nuestra pobre razón
puede excogitar para hacer frente a las circunstancias y dificultades
extraordinarias de nuestros tiempo, pondrían para su apostolado
toda la confianza en el medio que el mismo Divino Redentor
nos ha dado para vencerlas: la práctica y difusión de una
sincera devoción al Sagrado Corazón de Jesús, según las normas
y caminos que Jesús se ha dignado señalamos.
VERDADERA
INTELIGENCIA DE
LA DEVOCIÓN AL
CORAZÓN DE JESÚS
Para mejor
comprender lo que entendía yo por devoción sincera al Corazón
de Jesús, convendrá indicar tres etapas por las cuales, desde
que esta devoción se hizo pública y universal, se ha ido,
a mi parecer, providencialmente desarrollando.
La
primera la marcan las revelaciones de Paray-le-Monial; la
segunda, los escritos y obras del P. Enrique Ramière; la tercera,
la difusión de los escritos y la propagación de la devoción
de Santa Teresita del Niño Jesús.
1)
La primera etapa es la de Paray; es la manifestación al mundo
del Sagrado Corazón, de sus íntimos pensamientos, afectos
y designios y de los tesoros de gracias, de santificación
y salvación que encierra y quiere derramar sobre los hombres;
es la petición de parte de Jesús de un especial culto y devoción,
que se tenga y se tribute a su Corazón de hombre y a su Corazón
de Dios; es un quejarse Jesús amorosa, pero acerbamente de
la ingratitud y ceguera de los hombres, que corresponden
a su amor con olvido, desvíos, menosprecios e injurias, y
no quieren recibir los beneficios y gracias que Él anhela
concederles; pero, además, es una verdadera profecía de que
Él reinará en el mundo a pesar de sus enemigos y esto porque
por esta nueva redención destruirá el imperio de Satanás
y sobre las ruinas del mismo levantará el imperio de su Amor.
Esta
primera manifestación es por cierto atrayente, alentadora
y llena de amor; pero en los escritos de Santa Margarita María
aparece como sobre un fondo de austeridad y aparente dureza;
es una revelación de Dios en su Santidad de Amor y
en su Santidad de Justicia, que mal entendida puede
dar ocasión a que las almas débiles y enfermizas de nuestros
días se arredren y queden dudosas y perplejas.
2)
La segunda etapa, considero yo que la marcan los escritos
y las empresas del P. Enrique Ramière (del santo Padre Ramière,
como le llamaba el P. Gignhac). Los escritos: Apostolado
de la Oración, Esperanzas de la Iglesia, Reinado social de
Jesucristo, Divinización del cristiano, etc.; las empresas:
Apostolado de la Oración y Liga del Corazón de Jesús, Mensajeros
del Sagrado Corazón, Consagración individual y social al Corazón
de Jesús. La entronización difundida por los padres de los
Sagrados Corazones, según declaración apostólica, no se distingue
sustancialmente de la Consagración propagada por el P. Ramière.
Todos
los escritos y todas las obras del P. Ramière no son sino
un desarrollo de lo que ya en germen se contenía en los escritos
de Santa Margarita María; pero el P. Ramière, buen conocedor
de las dificultades y peligros de nuestros tiempos, lleno
por una parte de celo y de caridad verdadera y por otra del
sentimiento de la impotencia de los esfuerzos humanos; pertrechado
con una buena provisión de ciencia teológica y social, y sin
duda dirigido y llevado del Espíritu de Dios, propone todo
un sistema de ciencia espiritual y de sociología sobrenatural.
Este sistema puede reducirse a pocas verdades fundamentales
y aun cifrarse en dos principios, que son: el primero, el
Corazón de Jesús es el centro de toda vida cristiana y espiritual,
por ser fuente y origen de todas las gracias y dones que Dios
hace al hombre, de todos los beneficios que le otorga en orden
a su santificación y divinización; el segundo: el Corazón
de Jesús es principio único y divinamente eficaz de toda restauración
y renovación social en el reinado de su Amor.
Lógica
consecuencia de lo dicho es que todo el esfuerzo del P. Ramière,
así en sus escritos como en sus empresas, vaya ordenado a
acercar a los hombres a Cristo y a su Corazón sagrado por
la oración humilde y fervorosa y por la consagración o entrega
sincera, consciente y amorosa de sí y de sus cosas; y esto
se empeña en que lo hagan no sólo como individuos, sino también
como miembros de la familia y de la sociedad a que pertenezcan
para que en ellas reine Cristo. El P. Ramière, profundo sociólogo,
ve al mundo abocado a una catástrofe que tiene por humanamente
inevitable; pero cree firmemente que Dios la puede evitar
y aún para el caso que Dios la permitiera, estima como prenda
segura de la subsiguiente espléndida restauración, la devoción
al Sagrado Corazón y las promesas a ella vinculadas.
Nótese
que en la doctrina del P. Ramière es sustancial la relación
íntima que descubre entre la devoción al Corazón de Jesús,
tesoro y fuente manantial de todas las gracias, y la devoción
a la Persona Divina del Espíritu Santo, Gracia increada, como
dicen los teólogos, Don primordial e infinito de Dios, que
recibimos en la justificación y en la santificación. Esta
relación que abiertamente hace resaltar el P. Ramière, la
vemos ya insinuada en las revelaciones de Paray.
También
es muy de considerar en la doctrina espiritual y social del
P. Ramière, la intervención que atribuye en la obra de la
santificación de las almas y en la realización de los planes
salvadores de Jesús a su Madre y Madre nuestra María Santísima.
La presenta de una manera precisa como medianera entre Dios
y los hombres en la dispensación de la gracia.
3)
En la forma que tiene Santa Margarita María de proponer la
devoción al Corazón de Jesús y aún en su mismo estilo, hay
un no se qué de heroísmo y austeridad, que bien podría ser
que arredrara a no pocas almas enfermizas y pusilánimes de
nuestros días.
En
los libros del P. Ramière se encierra una tal luz y profundidad
de doctrina, que bien pudiera no estar al alcance de no pocas
inteligencias débiles, de no pocos espíritus anémicos y apocados.
A
estas almas pobres y débiles, miopes y enfermizas, quiere
que llegue también su llamamiento misericordioso el bondadoso
Corazón de Jesús, que invita a su banquete a los ciegos, cojos,
etc., y les sana como Médico divino. Como mensajera de sus
misericordias inefables con estas almas débiles y pequeñas
envía el misericordioso Jesús a Santa Teresita, para que reciban
aliento, luz y confianza los pobres enfermos de espíritu,
tal vez menospreciados o desahuciados de sus maestros y médicos.
Todo
el fondo de santa austeridad y severidad de Santa Margarita
María, toda la elevación y profundidad de doctrina, de anhelos
de esperanzas del P. Enrique Ramière, podrá descubrir en los
breves y fragmentarios escritos de la Santita de Lisieux
quien lea una y otra vez sus palabras, humilde y amorosamente.
Mas, reparte ella sus enseñanzas y exhortaciones como envueltas
y empapadas en su sonrisa angelical, que es de tal sencillez
y agrado, que parece un reflejo viviente y sensible de la
ternura del Corazón de Jesús para con los pequeñuelos. Por
otra parte, sus enseñanzas van propuestas con tan sencilla
llaneza y claridad transparente, que no hay espíritu, por
poca cosa que sea, que no pueda hallar allí su alimento acomodado,
luz que le guíe y no le ciegue. Y así son incontables las
almas, antes decaídas y acobardadas, que atraídas y alentadas
por el atractivo celestial de la Santa y lo consolador de
su doctrina, han cobrado alientos increíbles para subir por
el ascensor de la humilde y suave confianza hasta la
más elevada cumbre del amor de sacrificio; desde el humilde
y sencillo sentimiento de su nada y de su impotencia, por
el camino de la infancia espiritual, sembrado de rosas
con espinas, hasta la entrega eficaz, perfecta y absoluta
de sí al Amor Misericordioso de Dios. Santa Teresita no sermonea
incesantemente sobre la utilidad y necesidad de la devoción
al Corazón de Jesús; tampoco teoriza sobre los principios
dogmáticos y espirituales en que tal devoción se funda. Pero
de la lectura de sus escritos nace espontáneamente en el alma,
tan santa, dulce y salvadora devoción, porque el espíritu
verdadero de la misma unge y embalsama sus palabras y en ellas
el alma que antes no conocía el Amor, lo siente, lo ve y lo
gusta.
Las
almas tibias y sutilmente sensuales cogerán quizás de las
enseñanzas de la Santa sólo las flores con que las cubre y
así distarán mucho de su espíritu, pensando que lo conocen
y poseen; pero las almas débiles y humilladas, no: éstas encontrarán
en las palabras de la Santa lo que antes tal vez buscaban
en balde, el remedio de sus males: el Amor Misericordioso
del Corazón de Jesús.
Allí
conocerán con nueva luz a María, Madre de Gracia y de Misericordia;
allí de una manera singular al Espíritu de Dios, al Espíritu
de Amor, como suele hablar la Santa, en el cual llamamos
a Dios, Padre. De esta manera el alma se embeberá en estas
devociones que son fondo y complemento de la devoción al Corazón
de Jesús.
Por
lo dicho se entenderá cómo concebía yo el espíritu y la formación
de los que formaran la legión. Penetrados íntimamente
del valor espiritual y social de las Revelaciones de Paray,
no vacilarían un punto en aceptar como principal medio de
su propia santificación y también de su apostolado el cumplimiento
interno y externo, fervoroso y exacto, de los encargos y peticiones
que en ellas hace el Sagrado Corazón ni en esforzarse en vivir
del espíritu que las anima, ni en poner siempre ante los ojos
el ideal sublime que las impulsa y dirige. Encariñados con
las gracias y luces que Dios ha derramado en Santa Teresita
y en sus escritos, y amaestrados por la experiencia de la
virtud espiritual que en ellos se encierra, imitarían su manera
de practicar y propagar el espíritu verdadero de la Devoción
y de alentarse y esforzarse con sus promesas.
Por
fin, no contentándose en cuanto les fuera dado, perezosamente,
como la fe del carbonero, procurarían comprender humilde y
amorosamente, con el P. Ramière, por qué el Corazón de Jesús
es el centro del dogma cristiano y de la vida espiritual y
por qué su devoción ha de ser la tabla de salvación en el
diluvio de males que nos amenaza y ahoga. Sabrían que no es
algo accidental, sino en absoluto esencial en nuestros días
el invocar y rendir homenaje a Cristo como Rey de las almas
y de los pueblos; la trabazón íntima e indestructible entre
la devoción a Cristo Rey y la devoción al Sagrado Corazón,
etc., y otros puntos puestos en claro en los escritos del
Padre y según estos conocimientos y convicciones más o menos
íntimas y profundas, según la capacidad de cada persona y
la luz que el Señor le comunicare, determinarían sus miras
e impulsarían su acción.
Notas:
[1] Escrito
en 1934, y expresivo del carisma apostólico del Padre Orlandis,
fue primero multicopiado en 1942 e impreso por primera vez
en la revista Cristiandad, núm. 269, de 1 de junio
de 1955. Se alude a él en las sucesivas redacciones
de los estatutos de Schola Cordis Iesu.
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