Pensamientos
y ocurrencias
La editorial Balmes de Barcelona ha publicado con este título
una colección significativa de escritos del insigne
jesuita Ramón Orlandis Despuig (1873-1958) con motivo
de cumplirse el 75º aniversario desde que él
fundara, en el Apostolado de la Oración de Barcelona,
su sección Schola Cordis Iesu.
También los
actos de homenaje en los que intervinieron Manuel Ruiz Juarado
S.I., de la Pontificia Universidad Gregoriana, Monseñor
Enrique Planas, de la Comisión Pontificia para las
Comunicaciones Sociales, Pedro Suñer Puig S.I., director
de Balmesiana y Conciliario de Schola Cordis Iesu, el Cardenal
Marcelo González Martín, Arzobispo emérito
de Barcelona y el Cardenal Ricardo María Carles,
Arzobispo de Barcelona, que presidió la concelebración
eucarística con que se clausuraron los actos, actualizaron
el recuerdo del gran apóstol del Corazón de
Jesús y el conocimiento de la perenne y admirable
fecundidad de su carisma apostólico
Padre Orlandis se caracterizó
por la tarea formativa de laicos, que orientaba para una
entrega de la vida al servicio del Reino que penetrase todas
las dimensiones de su vida, personal, familiar, profesional
y cultural. En el espíritu de la búsqueda
del Reino de Cristo en las inteligencias por la verdad,
su magisterio fue el origen, con Jaime Bofill y Bofill (1810-1865)
de la que se ha llamado Escuela Tomista de Barcelona.
Podrían caracterizarse
las líneas de fuerza que impulsaron y orientaron
su tarea, y a las que invitó a quienes él
formaba, en los siguientes puntos. El Padre Orlandis participaba
de la convicción, que hallaba expresada en el Magisterio
de la Iglesia, del providencial llamamiento a la plenitud
de la vida cristiana y a la síntesis de la religión
y de la vida expresado en la devoción al Sagrado
Corazón, tal como se ha desarrollado en los siglos
modernos, por designio divino, por medio de las revelaciones
del mismo Señor a Santa Margarita María de
Alacoque.
Se movía en
esto con el criterio que expresó en 1950 la dirección
general del Apostolado de la Oración de que una devoción
al Sagrado Corazón que quisiese prescindir, a pretexto
de tratarse de revelaciones privadas, de los mensajes de
Paray-le-Monial, no sería ya aquella devoción
que la Iglesia jerárquica ha aprobado e institucionalizado
en la solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón.
Es significativo que
el Papa Juan XXIII, en su carta apostólica de 30
de junio de 1960 sobre el culto a la Preciosísima
Sangre, afirmase que el culto al Sagrado Corazón
de Jesús, que llegó a plenitud por obra del
propio Señor al manifestar su Corazón a Santa
Margarita María de Alacoque, ha sido reiteradamente
aprobado por el magisterio eclesiástico en documentos
públicos, entre los que cita la Annum Sacrum de León
XIII (1899), la Miserentísimo Redemptor de Pío
XI (1929) y la Summi Pontificatus de Pío XII (1939).
Tres textos en cuya doctrina insistió con perseverancia
y convicción profunda el propio Padre Orlandis.
La devoción
al Corazón de Jesús, así aceptada en
su autenticidad querida por Dios, es un signo de esperanza
en el cumplimiento del anhelo expresado en la plegaria cristiana:
"Venga a nosotros tu Reino". Como Pío XI,
sentía la exigencia de que el cristiano devoto del
Corazón de Jesús desease, trabajase y esperase
la instauración de todas las cosas en Cristo. Las
enseñanzas insistentes de Pío XI: "No
hay paz de Cristo sino en el Reino de Cristo y no podemos
nosotros trabajar más eficazmente por la paz que
sirviendo a la instauración del Reino de Cristo".
Capitales en el magisterio de aquel Papa, eran, de modo
expreso, nucleares y orientadoras de la tarea formativa
y de la dirección espiritual del Padre Ramón
Orlandis.
Por esto, precisamente,
concebía su tarea como una continuidad y herencia
de la que había realizado el Padre Enrique Ramière
en el Apostolado de la Oración y en todas sus actividades:
promoción de las consagraciones al Corazón
de Jesús, individuales y sociales, hasta obtener
de Pío IX el encargo de transmitir a todo el episcopado
mundial el mandato para la consagración de la Iglesia
en el Corazón de Jesús en al año 1875.
También de sus escritos de apóstol ferviente
de la vida sobrenatural como divinización del cristiano,
de las esperanzas de la Iglesia, de la devoción a
María Inmaculada, en que el Papa Pío IX vio
el signo de esperanza para el Reino de Cristo.
Esta tarea del Padre
Enrique Ramière nos hace también comprender
la dedicación del Padre Orlandis a profundizar en
una comprensión teológica de la historia,
que tenía su centro de perspectiva en la vocación
del Pueblo de Israel revelada en las Escrituras del Antiguo
y del Nuevo Testamento. Su tarea en este punto fue una aportación
que se manifestará, sin duda, siempre como más
valiosa a aquella renovación de la escatología
por el Concilio Vaticano II, de que hablaba el entonces
cardenal Karol Wojtila al Papa Pablo VI, en conferencias
publicadas bajo el título de Signo de contradicción
Los que conocimos al
Padre Orlandis tenemos la certeza de que se hubiera estremecido
de gozo al leer, en la claración Nostra aetate del
Vaticano II que: "La Iglesia espera, junto con los
Profetas y el Apóstol, aquel día sólo
por Dios conocido, en el que todos los pueblos, con una
sola voz, invocarán al Señor y le servirán
como un solo hombre", texto que se inserta precisamente,
a la enseñanza del Apóstol Pablo sobre la
perennidad de la vocación divina del pueblo judío
También hubiera
sentido un gozo profundo, y quienes le conocimos sentimos
por ello profunda gratitud a Dios, de haber podido ver a
la santa carmelita, Santa Teresita del Niño Jesús,
declarada Doctora de la Iglesia por Juan Pablo II. En la
espiritualidad del Padre Orlandis, el espíritu de
infancia y la confianza y entrega al amor misericordioso
de Dios eran como lo único necesario. No entendía
que, sin comprender su mensaje evangélico, "el
Corazón mismo del Evangelio es lo que ella ha vuelto
a reencontrar", decía Pío XII (11-7-1954),
se pudiese alcanzar a vivir fielmente la entrega al Corazón
de Jesús ni el ejercicio del apostolado de su devoción
Otras dos tareas definen
la actitud del Padre Orlandis en la formación de
apóstoles laicos del Reino del Corazón de
Jesús: el estudio y la realización vital de
los Ejercicios espirituales de San Ignacio, y el esfuerzo
por hallar y ofrecer a la cultura contemporánea la
síntesis de pensamiento filosófico contenida
en la obra de Santo Tomás de Aquino, el Doctor communis,
que nos presenta la Iglesia jerárquica.
Como estudioso de la
espiritualidad ignaciana fue reconocido por autores como
Pedro Leturia y José María Murall como magistral
redescubridor de la línea más auténtica
expresada en los primeros grandes comentadores del libro.
La sabiduría espiritual de San Ignacio la ponía
el Padre Orlandis explícitamente en el mismo nivel
de seguridad doctrinal y de ortodoxia profunda que la que,
en un orden especulativamente práctico, se contiene
en la segunda patre de la Summa Theologica de Santo Tomás
de Aquino.
En cuanto a su magisterio
sobre Santo Tomás de Aquino, tenía el Padre
Orlandis la convicción de que su obra, de actualidad
perenne, podría ser hoy profundizada, y que se podría
responder mejor a las necesidades e inquietudes de nuestro
tiempo, cuanto más se esforzasen sus estudiosos en
la búsqueda de su síntesis mediante el contacto
directo y vivido con la propia obra del doctor angélico.
Este trabajo caracterizado
por la autenticidad y originariedad llevó al Padre
Orlandis -en sus estudios personales y en su magisterio
del que resultaría, a partir de Jaume Bofill, la
formación de la llamada "escuela tomista de
Barcelona"- a insistir en que la obra de Santo Tomás
no puede ser comprendida desde una atención exclusiva
a la decisiva incorporación del aristotelismo al
pensamiento cristiano, sino que es indispensable no dejar
de lado la presencia nuclear de la herencia agustiniana
y de algunas tesis capitales del neoplatonismo cristiano
de los Padres griegos.
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